Lores

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Lores

(La Pernía, Palencia)

Lores se halla en la confluencia de dos valles, rodeado de bellos parajes, frondosos bosques y altas montañas. Su casco urbano está dividido en dos barrios por el río Lores, cauce que recibe también las aportaciones del arroyo Gerino en su transcurso por la localidad.

A la localidad se accede tomando la carretera local PP-2113, a la altura de la Venta Urbaneja.

 

El nombre del pueblo podría tener orígenes ibéricos, derivando de  “lur-aitz“, con el significado de “peña de la tierra”.

En el diccionario geográfico de Sebastián de Miñano de 1826, se señala que Lores tenía entonces 250 habitantes y “bastantes pastos para cabaña del fino trashumante, en los cuatro meses de verano, por la grande extensión de sus términos y montañas. Industria: carretería de sales, trigo y vino, y fábrica de aperos de labor, como ruedas, carretas de bueyes, etc.

 

Fue ayuntamiento en solitario hasta 1976, cuando pasó a integrar el municipio de La Pernía, junto con los antiguos municipios de Redondo-Areños y San Salvador.

 

Lores es uno de los pueblos del norte de Palencia que mejor ha conservado su caracter montañés, con calles estrechas de trazado irregular y grandes casas de piedra. Fue antigua residencia de la nobleza perniana y cuenta con buenos ejemplos de arquitectura tradicional y casonas blasonadas con excelentes escudos heráldicos. Una de las muestras más llamativas de esta arquitectura montañesa es la Casa del Arco, una casa atravesada en su parte inferior por una calle a modo de pasadizo. Esta singular edificación contó igualmente con dos magníficos escudos que lamentablemente fueron vendidos en los años cincuenta del siglo pasado.

Recorriendo las calles de la localidad, también puede contemplarse el potro de herrar, el lavadero, la Fuente del Lugar o la ermita de San Roque, que actualmente ejerce de parroquia y era utilizada sobre todo en invierno para evitar subir hasta la iglesia.

 

El término de Lores es uno de los más extensos de La Pernía, incluyendo una gran superficie en los puertos de Tañuga y Pineda. Los pastos de estos puertos se arrendaban a los rebaños trashumantes procedentes del sur, con el consiguiente aporte económico para la localidad.

También fue destacable hasta tiempos recientes, la actividad artesanal de elaboración de cestas de mimbre y albarcas. Aunque quizás el producto más famoso de Lores siempre han sido sus rosquillas, ligadas a la festividad de Las Candelas. El 2 de febrero se elaboraba un tradicional ramo de rosquillas  que se llevaba a la iglesia y luego se rifaba por la noche.

 

Actualmente Lores celebra su fiesta principal el 10 de agosto, San Lorenzo, patrón de la localidad.

Iglesia de San Lorenzo

La iglesia de San Lorenzo, se ubica sobre un alto que domina el pueblo por el este y ofrece unas buenas vistas de todo el conjunto. Se trata de un edificio del siglo XVI, aunque conserva la típica espadaña del siglo XIII. La iglesia consta de una nave dividida en cuatro tramos con bóveda de cañón y bóveda estrellada en la capilla mayor. En el interior se encuentra una imagen de la Virgen con el Niño (s. XVI) y un Niño Jesús (s. XVII). El retablo mayor data del primer tercio del siglo XVII, con imagenes y lienzos de San Lorenzo y un Crucifijo del siglo XVI.

Molino de Lores

Se encuentra al margen del camino que sube desde Lores en dirección a Pineda, a 1,5 km del pueblo. Este molino harinero fue construido en torno a 1945, a huebra por los vecinos de Lores, tras desaparecer otros molinos que existían anteriormente en la localidad.

El molino se ubica en un entorno natural de gran belleza, sobre una pequeña cascada cuyas aguas manan unos metros más arriba. Ha sido restaurado y actualmente se conserva en buen estado, siendo un lugar que merece la pena visitar.

Molino de Lores
Molino de Lores

Cueva del Neredo

La Cueva del Neredo, situada en las proximidades del molino, es conocida en Lores por su vinculación con una antigua leyenda:

Cuenta la leyenda, que hace muchos años se corrió la voz de que en esta cueva se hallaba enterrado un caldero de oro, rumor que atrajo la atención de las gentes del lugar, que fueron allí a cavar para intentar encontrarlo.
Los vecinos, por riguroso turno, cavaron y extrajeron la tierra de la parte baja de la cueva, habilitando un pozo y una galería, donde a medida que avanzaban iban protegiendo el camino con mampostería, como se hacía en las minas del contorno.
Pero pasaron los días y los vecinos iban perdiendo las fuerzas y la fe. Entonces alguien sugirió la idea de ir a buscar una adivina a Santander, para que les dijera dónde se encontraba el caldero.
El acceso a la cueva es escabroso, lo que obligó a los hombres a subir a la adivina en brazos desde la orilla del río hasta la boca de la gruta.
Cuando la mujer parecía situada ya en el lugar preciso, le preguntaron hacia dónde debían seguir cavando para encontrar el tesoro, a lo que la mujer, después de una inspección, respondió que allí no había señales de oro ni caldera de cobre. Enojados, los que la llevaban a punto estuvieron de tirarla por el pozo.

Interior de la Cueva del Neredo
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