LA PERNÍA

Montaña Palentina

Abadía de Lebanza

Un lugar de prolongada historia

La Abadía de Lebanza está situada a 5 km de San Salvador de Cantamuda y a 2 km de la localidad de Lebanza (Palencia). Este edificio, enclavado en un apartado paraje de gran belleza, donde muere la carretera de acceso, al pie de las montañas y a 1330 m de altitud; fue el principal centro religioso de estos valles altos del Pisuerga, y durante siglos sus derechos eclesiásticos y civiles abarcaron un gran territorio.

 

Realmente no se conoce la fecha exacta de su fundación, pero ya hay una primera escritura de dotación fechada en el año 932, en la cual los condes de Peñas Negras, Alfonso y Justa confirman los términos propios de la Abadía y hacen donación a la misma de numerosas posesiones.  La Abadía de Lebanza aparecía citada entonces como Santa María de Nebantia. Según la tradición, el primitivo santuario se erigió en el lugar donde dicen que se apareció la Virgen María sentada en una peña.

A finales del siglo XII, el obispo palentino Raimundo impulsó la reconstrucción del antiguo monasterio, que ya por entonces debía encontrarse en muy mal estado. El templo fue reedificado en estilo románico tardío, gracias a la colaboración del benefactor Rodrigo Gustios. De esta época tan solo se conservan dos bellos capiteles de excelente talla, que en 1927 fueron vendidos al Fogg Art Museum de la universidad de Harvard (Estados Unidos), donde permanecen en la actualidad. En uno de ellos aparece Cristo en Majestad y en el otro Las Tres Marías ante el sepulcro.

Capiteles románicos (s.XII) procedentes de la Abadía de Lebanza (Palencia),
actualmente en el Fogg Art Museum de la Universidad de Harvard (Estados Unidos)
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Capitel de las Tres Marías ante el sepulcro (s. XII). Abadía de Lebanza. Actualmente en el Fogg Art Museum (Estados Unidos). Imagen: Harvard Art Museums
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Capitel de Cristo en Majestad (s.XII). Abadía de Lebanza. Actualmente en el Fogg Art Museum (Estados Unidos). Imagen: Harvard Art Museums

En el siglo XVIII un incendio destruyó parte del templo, siendo reconstruido en 1780 por mandato de Carlos III, que al parecer sentía gran devoción por la Virgen de este lugar. La nueva construcción se hizo en estilo neoclásico, no respetando la anterior edificación, lo que supuso la desaparición de prácticamente toda la traza del antiguo monasterio, salvo los capiteles antes citados.

La abadía así reconstruida no tuvo un largo periodo de vigencia. En 1808, fue saqueada por las tropas de Napoleón en la Guerra de la Independencia y poco después la desamortización de Mendizábal terminó con la actividad religiosa del monasterio. La mayor parte de las reliquias y documentos fueron trasladados a Palencia. La Abadía fue subastada y durante más de un siglo pasó a depender de manos privadas, que la dieron usos muy diversos:  explotación agropecuaria, hostelería, colonias escolares, sanatorio de tuberculosos, etc.

Es destacable su utilización como hotel de montaña, allá por los años 30 del siglo pasado. Al respecto, Camilo José Cela dejó escrito en su novela San Camilo, 1936 lo siguiente: “en la abadía de Lebanza por doce pesetas te dan pensión completa en habitación con agua fría y caliente y lavado de ropa incluido,  cinco comidas diarias y toda la leche y todos los huevos que quieras y seas capaz de comer…”.

En 1943, la Abadía se vendió al obispado de Palencia, volviendo a ser de propiedad eclesiástica. Fue entonces cuando se instaló el Seminario Menor de la diócesis y se amplió el edificio hacia el oeste, con un nuevo patio. Alrededor de la abadía se instalaron cuadras, panadería, carnicería, molino e incluso un pequeño puesto de la Guardia Civil, cuyos guardas eran además artesanos, para ser autosuficientes durante los meses de invierno y aislamiento por las nevadas.  En los años 1960 el seminario se trasladó, y la Abadía quedó únicamente como seminario de verano. Durante años vinieron a la Abadía importantes intelectuales de la época a dar charlas y cursos.

 

Lo que hoy día podemos observar, poco tiene que ver con la importancia de este lugar en el pasado. Actualmente el edificio se utiliza únicamente en los meses de verano para colonias y campamentos de jóvenes, mientras que los pastos de la finca son arrendados a ganaderos.

En el interior, el edificio cuenta con aulas, dormitorios, cocinas y comedores. La capilla o iglesia abacial es de estilo neoclásico, con planta de cruz griega y la cabecera se cubre con bóveda vaída. En el presbiterio se pueden leer dos inscripciones que ilustran los acontecimientos históricos de la Abadía. También se halla una imagen de la Inmaculada del siglo XVI y otra de San José con el Niño, del siglo XVIII.

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