El Consejo de Gobierno ha aprobado la declaración de La Mojonera de Brañosera y el Valle de los Redondos (San Juan de Redondo y Santa María de Redondo), Bien de Interés Cultural de carácter inmaterial. Con esta declaración se resuelve el expediente incoado en febrero de 2022.
Se trata de una fiesta que reconoce y celebra valores de identidad, civismo y cohesión social. Una declaración de convivencia pacífica y de la voluntad de mantener un acuerdo de hace siglos.
Atendiendo a su carácter inmaterial o intangible, se define como objeto de la declaración el conjunto de atributos que constituyen la esencia de “Correr la Mojonera”, que garantizan su pervivencia y el papel activo de la sociedad y constituyen un referente identitario de las poblaciones que lo han impulsado.
La Mojonera es una celebración festiva común que conmemora la resolución pacífica de un pleito de 1575, que en su día enfrentó a los dos concejos, en un recorrido histórico que se realiza cada nueve años en los primeros días del mes de septiembre, en el que los vecinos de ambos lugares implicados en el antiguo conflicto se reúnen para verificar, mediante acta notarial, la posición de los 28 mojones que delimitan los pastos, lo que se conoce como ‘escritura de recorrido de la Mojonera’, poniendo de manifiesto la voluntad de las dos comunidades de seguir resolviendo sus discrepancias de manera pacífica y consensuada.
La primera fase de la manifestación tiene lugar con la convocatoria de la marcha hacia los pastos de Sel de la Fuente y el recorrido de los mojones, para posteriormente, en una segunda fase, llevar a cabo la ceremonia de reconocimiento y firma del acta de conformidad ante notario y finalmente la comida conmemorativa y el brindis.
En la actualidad, la Mojonera sigue su ciclo de celebraciones en el mismo escenario y con los mismos elementos que la definían desde sus orígenes. La fiesta que reconoce y celebra valores de identidad, civismo y cohesión social, es una declaración de convivencia pacífica y de la voluntad de mantener un acuerdo por el que hace siglos se pactó una explotación sensata de un recurso natural, fuente de riqueza que implica el uso del agua y de los pastos.
Los depositarios de esta manifestación cultural son todos los participantes en la fiesta: familias, niños, jóvenes y adultos. Profundamente arraigado en la comunidad, el significado de este recorrido infunde un sentimiento de pertenencia e identidad cultural, que se ofrece como un medio de estrechar relaciones con los vecinos de forma pacífica. Las prácticas y conocimientos vinculados a esta manifestación cultural se transmiten en el seno de las familias y entre los miembros de las comunidades mediante la comunicación oral, la observación, la participación en los festejos y todas las representaciones que tienen lugar.
La fiesta es una valiosa celebración de la convivencia, un acto de refrendo de un acuerdo que permitió la concordia y resolvió un conflicto sobre un recurso sensible, de supervivencia, del que dependía el bienestar de ambos pueblos. Destaca la capacidad de resolución de los vecinos para convertir un conflicto sobre un recurso de supervivencia del que dependía el bienestar de ambos pueblos y que duró varios siglos, en un pacto para la convivencia rememorado en una celebración festiva cada nueve años.
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Comunicación de la Junta de Castilla y León








